
Hubo una vez un lindo ruiseñor que hacía su nido en la copa de un gran roble. Todos los días el bosque despertaba con sus maravillosos trinos.
La vida volvía a nacer entre sus ramas. Las hojas crecían y crecían. También lo hacían los polluelos del pequeño pajarito.
Su nido estaba hecho de ramitas y hojas secas.

Sus plumitas estaban húmedas. En unas cuantas horas se habrían secado y los nuevos polluelos se sorprenderían de lo que les rodeaba.
El árbol estaba orgulloso de ellos. Él también era envidiado por los demás árboles no sólo por tener al ruiseñor sino por la belleza de su tronco y sus hojas. Era grandioso verlo en primavera.
Al llegar el otoño, las hojitas de los árboles volaban hacia el suelo. Con gran tristeza caían, pero el viento las mimaba y las dejaba caer con suavidad. Al pasar el tiempo éstas serían el abono para las nuevas plantas.

Un día un hongo fue a vivir con él. Ya lo conocía de antes se llamaba Dedi, bueno, tenía un nombre muy raro, pero ellos le llamaban así.
El roble comenzó a sentirse enfermito, tenía muchos picores y su piel se arrugaba.
De vez en cuando le corría un cosquilleo por el tronco.
Estaba un poco descolorido, ni siquiera tenía ganas de que los ciempiés jugaran alrededor de sus raíces.

Pensó que si le enfermaba, el ruiseñor le haría mas caso a él, envidioso de su amor no le importó hacerle sufrir.
Los demás animales convencieron al hongo para que abandonara al árbol. Así conseguiría, ser su amigo pero nunca por la fuerza.
A partir de aquel día siempre se juntaban para ver amanecer.
El hongo aprendió una gran lección, su poder y su fuerza debía utilizarlas, para algo bueno, para crear, no para destruir.

Hay una muy buena enseñanza en este cuentito.
ResponderEliminar¿Cuántas personas actúan, por celos y envidia, como el hongo lo hacía antes?
Un beso muy grandes y muchas felicidades, Graciela querida, para este año que ya está comenzando. ¡Qué nos sorprendan muchas alegrías!
Quisiera ser esa hoja que cae mimada por el viento. ¡Qué bonito! Tan delicado y aparentemente sencillo, pero qué gran lección!
ResponderEliminarEstupenda fábula Graciela.Hasta para amar hay que saber.
ResponderEliminarFeliz 2012 de todo corazón para ti y tus hijas Graciela.
Abrazos y saludos afectuosos!
G-G Abupordos, Pili, Antonio, agradecida por su paso, buen año para ustedes :-*sss
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