En los hogares donde la abusiva visión de TV ahoga la convivencia familiar, la televisión manda tanto o más que los padres.
Los padres en un hogar sensato, determinan los ritmos diarios de los hijos: la hora de levantarse, de ir al colegio, de comer, de ir a dormir…sin embargo, en los hogares capturados por la pantalla chica la televisión dicta técnicamente estos ritmos.
Desde el principio de los tiempos, han sido los padres los que se ocupaban de los niños, los cuidaba, entretenía, hoy dejados en manos de la tele, elegida como niñera. Quién les indica lo que es bueno o malo, lo que hay que amar, respetar, desear o rechazar???
En una familia donde los niños miran televisión durante veinte o treinta horas semanales, y los adultos ven un promedio de diecisiete horas, no existen tiempos para juegos, cantos, paseos, deportes, visitas a familiares y amigos.
Para los niños tener un ritmo estable del día es esencial, forma el sentido de estabilidad, capacidad de decisión y responsabilidad: horarios regulares para las comidas, para irse a dormir, momentos para oír cuentos o historias, o jugar les permiten crecer dentro de un ámbito de seguridad.
En los hogares con mayor poder adquisitivo, la otra GRAN NIÑERA, es Internet. Es inevitable que los niños no accedan a la Red, ella les proporciona recursos como material informativo y educativo, diversión. Todo este mundo virtual, inmediato y fascinante puede generar niños compulsivos, nerviosos y adictos, sin no existen límites y supervisión de los padres.
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