NIÑOS Y SOCIABILIDAD

Palomas
La desenvoltura social, como la mayoría de los comportamientos y actitudes, se obtiene principalmente de la familia, aunque se van aprendiendo en forma más natural a través del contacto con otras personas, especialmente con niños, de los modelos de conducta que tengan los niños en su entorno inmediato. El estilo de crianza que los padres les proporcionen, tiene mucha relación con las habilidades sociales que ellos desarrollen.
Imágen: Anne Geddes


Mucho cariño, combinado con niveles moderados de control paterno, promueven un mejor estilo de sociabilización en los hijos, ya que el afecto facilita una relación segura, lo que a su vez promueve las competencias sociales de los niños, en contraste, las condiciones autoritarias y permisivas no favorecen el desarrollo de las habilidades sociales en forma adecuada.

A partir del año de vida, comienzan una nueva etapa de socialización. Su mayor autonomía, dada por su capacidad para desplazarse, les abre un mundo de nuevas posibilidades, su desarrollo mental les permite interesarse por todo cuanto los rodea, incluyendo a las personas, aunque de un modo mucho más elemental y exploratorio, en un principio.

Aunque están muy centrados en sí mismos, ya comienzan a fijar su percepción en los demás. Aprenden a valerse de ciertas “gracias” para simpatizar y su estado de ánimo suele ser cordial.

A medida que avanzan los meses, su sentido de independencia y autonomía se acentúan y sus expresiones de cariño se vuelven más frecuentes, comienzan a sociabilizar más con otros niños y aprenden normas básicas de cortesía. También es común que se pongan celosos, posesivos, egoístas y que hagan rabietas de vez en cuando.

Entre los 19 y 24 meses comienzan a disfrutar de la presencia e interacción con otros niños, pero aún no saben jugar en grupo. Si bien han adquirido dominio de su cuerpo, desconocen y temen a muchas cosas. Es por eso que tienen momentos en que parecen ser muy independientes y otros en que manifiestan la actitud contraria. En este período se identifican con la figura materna, tratan de imitarla e incluso sustituirla.

Algunas de las acciones que podemos aplicar

▪ Llevar al niño a alguna plaza o invitar a otro niño de su edad para que compartan un momento agradable. Probablemente se observen en un principio, imiten lo que hace el otro, no quieran compartir sus juguetes. Para trabajar esa actitud, podemos probar tomar un juguete que le interese mucho al pequeño, ofreciéndoselo diciendo ‘es mío pero te lo presto’.

▪ Preguntarle cómo se llama, para que se acostumbre a contestar y a decir su nombre.

▪ Invitarlo a demostrar su afecto, pidiéndole que abrace a su hermanito, le dé un beso a la abuela...

▪ Proporcionarle encuentros con otros niños en las cuales pueda intercambiar juguetes, enfrentarse a ciertas dificultades y jugar libremente. Es bueno no intervenir en alguna relación difícil, solo lo necesario, así reforzará su autonomía e irá desarrollando su capacidad de enfrentarse a problemas.

▪ Reuniones con amigos adultos que tengan hijos pequeños: como los niños son grandes imitadores, querrán tener una vida social como sus padres.
Si el niño ya tiene un año o más, está capacitado para aprender a saludar a los adultos, lo animamos a hacerlo.

▪ Dialogar con el niño, miradas tiernas, palabras dulces y cercanía le da mucha seguridad.

▪ Escuchar música instrumental e infantil, son excelentes recursos para mejorar su estado de ánimo.

▪ Llevarlo desde bebé a los lugares que vamos todos los días, de compras por ejemplo, y hablarle de las cosas que observamos.


 
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